La crisis ambiental es algo que escuchamos cada vez con más frecuencia y cercanía, las alertas ya no se escuchan tan lejanas y todo se siente un poco más urgente. El mundo lleva años tratando de revertir el impacto humano que tiene efectos negativos sobre la naturaleza, pero es complejo lograrlo cuando el desarrollo económico continúa basándose en un modelo lineal donde lo más importante es producir en cantidad y abastecer la gran demanda que existe, muchas veces innecesaria y guiada especialmente por el capitalismo y consumismo, de productos o servicios.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (2015), “cada año se recolecta en el mundo una cantidad estimada de 11.200 millones de toneladas de residuos sólidos”. Esta problemática de contaminación no va a disminuir y tener un impacto significativo a menos que el mundo decida, por fin, trasladarse a un modelo económico más sostenible que el lineal: el modelo de economía circular, y que se haga de la forma más rápida posible; sin embargo, este cambio ha sido lento o detenido por el estilo de vida en el que estamos acostumbrados a vivir: consumir, desechar y volver a consumir algo nuevo.

La economía circular es la estrategia que necesitamos actualmente para un desarrollo sostenible por la optimización de recursos, reducción de desechos e incluso por las nuevas oportunidades económicas que genera; pero es importante entender que más allá de sostenibilidad que podríamos alcanzar, la economía circular viene a cambiar nuestra forma de ver nuestra manera de vivir y nos ofrece una opción más para, como humanidad, alargar un poco más nuestra existencia en la Tierra.

Para hablar de economía circular, primero es necesario explicar qué es la economía lineal que practicamos en la actualidad. El modelo de economía lineal se basa en la extracción acelerada de recursos y producción masiva; lo cual requiere también el uso de energías, usualmente fósiles, en gran escala para dar abasto con las líneas de producción; además la aplicación de este sistema por tantos años ha ocasionado el agotamiento de los recursos naturales, daños a los ecosistemas y un aumento exponencial de los residuos que se generan y no se tratan adecuadamente (Moine, Tamagno, Fraire y Peralta, 2023). 

Es decir, como población hemos crecido pensando que debemos comprar, consumir-usar, y desechar; sin necesidad de pensar en la responsabilidad de las empresas, las comunidades, los gobiernos, y la nuestra, de manejar correctamente los residuos que generan cada uno e ignorando por completo que los recursos naturales son en realidad finitos. Un gran ejemplo de esto es cómo no hace muchos años, se nos enseñaba en la escuela que el agua era un recurso infinito. No existía hasta hace poco una cultura de consciencia ambiental, que se ha ido desarrollando por medio de datos que nos indican lo cerca que estamos del agotamiento total de recursos naturales, como el agua, y de eventos naturales que nos han demostrado que el calentamiento global es real y está sucediendo.

Según Piloto y Ruiz (2022):

La Economía Circular describe una economía industrial, caracterizada por dos tipos de flujos: el de nutrientes biológicos y los tecnológicos. Los nutrientes biológicos están diseñados para volver a entrar en la biosfera de manera segura, mientras que los tecnológicos están diseñados para circular con alta calidad en la tecnosfera, sin contaminar la biosfera. (p. 192).

Como menciona Lett (2014), es por todas estas consecuencias y creciente mentalidad ambiental que la economía circular es ahora una necesidad más que una opción. En pocas palabras, la economía circular se basa en reducir, reutilizar y reciclar; es un modelo cíclico que intenta asemejarse a la naturaleza al utilizar los residuos como nueva materia prima para el mismo producto o uno distinto. Todo esto se traduce en la constante reinserción de los desechos como recursos, por ende en la reducción significativa de extracción de materiales vírgenes desde la naturaleza; así como el uso de energías renovables.

En términos estadísticos Imbernó y Souto (2023) nos mencionan:

Se proyectó que la aplicación de la circularidad en la economía mundial podría reducir hasta un 40 % de las emisiones de gases de efecto invernadero para 2050, generar un ahorro de hasta un 25 % en los costes de materiales de acero, la reducción de casi 1/3 de la producción y consumo de plástico para 2040. (párr. 43).

Además de tener un impacto ecológico, la implementación de este modelo tiene también uno social y económico, ya que acciones como el reciclaje masivo de materiales genera miles de nuevos puestos de trabajo, y por ende una activación económica distinta. La economía circular implica la participación de todas las personas, “requiere de un trabajo conjunto de gobierno, empresas, academia y sociedad en general” (Almeida-Guzmán y Díaz-Guevara, 2020, p.48).

Imbernó y Souto (2023) explican la importancia de unificar conceptos como la innovación y la economía circular, ya que se sabe que las empresas van a presentar usualmente una resistencia al cambio, pero las ideas innovadoras pueden jugar un papel clave en su organización y crecimiento para colocarse en el mercado como una verdadera compañía involucrada y responsable con el cuidado del medio ambiente, potenciando su competitividad y su visibilidad ante sus clientes, que con el pasar de los años, las nuevas generaciones buscan apoyar empresas que cumplan con este tipo de aspectos, además que la implementación de este modelo económico implica que todo esto tome la importancia que requiere entre la población de una forma exponencial.



Es aquí donde se denota cómo el modelo de economía circular involucra a todos y nos convierte en actores, porque al crecer en una economía lineal pocas veces pensamos como ciudadanos en reciclar o reducir consumo de productos que son en realidad innecesarios, pero la publicidad y la cultura del consumismo nos ha hecho creer lo contrario. Este modelo invita a la sociedad a cambiar su mentalidad sobre su cotidianidad, su presente y futuro. Invita a cuestionar nuestros hábitos y las de todos los demás, a ser personas activas en la comunidad que no solo participan, sino que también exigen cambios para beneficio de todos. 

Los objetivos de Desarrollo Sostenible fueron establecidos por la ONU para crear planes realistas hacia un futuro mejor, “se interrelacionan entre sí e incorporan los desafíos globales a los que nos enfrentamos día a día, como la pobreza, la desigualdad, el clima, la degradación ambiental, la prosperidad, la paz y la justicia” Organización de las Naciones Unidas (2015, párr. 1). Y es posible relacionar algunos de estos objetivos con la transición hacia la economía circular.

Por ejemplo, según la ONU (2015), el objetivo 12 busca que la producción y el consumo se hagan de formas responsables, es decir, de una forma sostenible para todas las generaciones, garantizando la existencia de recursos suficientes para la subsistencia hasta el 2050. Reforzando lo mencionado anteriormente, alcanzar estos objetivos depende del esfuerzo de todas las partes involucradas: desde la extracción de recursos, pasando por la producción, hasta el consumo de quienes adquieren el producto. 

Ahora, es claro que este modelo no es algo fácil de implementar, pero ya se está haciendo en algunos países y empresas, especialmente en Europa, como mencionan Almeida-Guzmán y Díaz-Guevara (2020): 

El concepto de economía circular se ha venido integrando entre sus países miembros, la existencia de un plan de acción a escala de la UE ha fomentado el desarrollo de planes nacionales y en determinadas regiones existen importantes conjuntos de estrategias, que han permitido superar ya las etapas del reciclado y la gestión de residuos. Actualmente vienen trabajando en hojas de ruta y en la creación de sinergias, buscando complementar con investigación y desarrollo, un entorno normativo adecuado, la educación de todas las partes interesadas y la información sobre el acceso al apoyo financiero para la transición hacia la circularidad. (pp. 48-49).

Por lo que es una muestra de cómo es posible ir haciendo la transición entre modelos con el apoyo primeramente de las partes políticas de cada país, proponiendo cambios en las regulaciones existentes que están relacionadas a la producción y el manejo de los residuos, así como en la educación de la población, lo cual suena sencillo, pero esto incluye el esfuerzo y trabajo en conjunto de muchas instituciones para lograr alcanzar a la mayoría de los ciudadanos, desde los más pequeños, hasta los más grandes.

Existen algunos desafíos que son importantes de mencionar, ya que un mundo que funcione totalmente a partir del modelo circular es prácticamente utópico. En términos termodinámicos, la economía circular aplica la primera ley de termodinámica; donde la energía no se crea ni destruye, solo se transforma; pero es importante considerar la segunda ley: la de la entropía. Esta ley explica que no se puede reciclar al 100% toda la energía que se utiliza, por lo que, por ejemplo, en los procesos de transformación de los residuos a nuevos recursos, en algún punto se va a necesitar nueva energía para reponer la que se disipó (Piloto y Ruiz ,2022).

Y no está de más comentar el freno que puede tener la implementación de este modelo sin la ayuda gubernamental y educativa, que muchas veces incluso impulsa la vista del capitalismo, y generan que “las barreras culturales, en particular la falta de interés y conciencia de los consumidores, como una cultura empresarial vacilante” (Kirchherry otros, 2018, p. 264), sean las principales barreras para que se dé la transición.



Después de todo este análisis, es importante recalcar cómo la crisis ambiental y la sobreexplotación de recursos que el consumismo y capitalismo en su modelo económico lineal nos ha generado es razón suficiente para hacerle frente y surgir con ideas innovadoras como la economía circular, para mitigar o al menos disminuir el daño que ya se ha hecho. Involucrarnos como consumidores, comunidades y gobiernos es esencial para que estos cambios se den y funcionen, no debemos limitar la responsabilidad de cuidar el medio ambiente solo a las personas de poder o empresas, que al final de cuentas, lo único que buscan es su propio crecimiento económico.

El tránsito hacia este modelo no es fácil, hay obstáculos importantes en todo tipo de ámbitos, pero es por eso que es importante comenzar hoy mismo con este cambio, primero a nivel personal, y luego compartirlo con los demás, hasta que pasemos de ser unos pocos a miles, incluso millones de personas buscando el bien común y exigiendo su derecho a una vida digna. Es claro que este modelo no va a solucionar todos los problemas, pero es una buena forma de comenzar.


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